Desde Acobasmet queremos compartir una publicación especial del boletín de la Association of Former PAHO/WHO Staff Members, que incluye el artículo “How PAHO Enriched My Life: A Personal Reflection”, escrito por el Dr. José Ramiro Cruz López.

Nota sobre la traducción:
El texto que se presenta a continuación corresponde a una traducción libre al español, realizada con apoyo de herramientas digitales de traducción e inteligencia artificial, entre ellas Google y ChatGPT. La traducción fue revisada con fines de divulgación institucional, procurando conservar el sentido general, el tono reflexivo y el contenido esencial del artículo original.
Texto original:
“How PAHO Enriched My Life: A Personal Reflection”
Dr. José Ramiro Cruz López
Publicado en el boletín de septiembre de 2026 de la Association of Former PAHO/WHO Staff Members.
https://www.afsmpaho.com/_files/ugd/6814f4_82f309f560b243769fc0091eaf5ab7d7.pdf
“How PAHO Enriched My Life: A Personal Reflection”, escrito por el Dr. José Ramiro Cruz López.
Mi paso por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) no solo moldeó mi carrera profesional; también amplió y fortaleció mi comprensión del servicio público, de la salud como un derecho y de la responsabilidad ética de trabajar por el bienestar de los demás. La OPS me ofreció un espacio donde la ciencia, la solidaridad y la convicción moral se entrelazan para producir cambios reales en la vida de millones de personas.
Durante el tiempo en que serví en la Organización como Asesor Regional de Laboratorios y Servicios de Sangre, descubrí que la salud pública es, ante todo, un acto de humanidad. La OPS me permitió ver de cerca la diversidad de nuestros países, sus desafíos, sus fortalezas y, sobre todo, la capacidad de su gente para salir adelante cuando cuenta con instituciones que la apoyan con rigor técnico y respeto.
Un recorrido que se convirtió en misión: mi formación como Químico Biólogo especializado en Microbiología en la Universidad de San Carlos de Guatemala, seguida de una Maestría en Salud Pública Tropical y un Doctorado en Virología e Inmunología en la Escuela de Salud Pública de Harvard, me preparó para una sólida carrera científica. Sin embargo, fue en la OPS donde esa formación adquirió su verdadero sentido: servir a los pueblos de las Américas.
En mis primeros años en la Organización trabajé simultáneamente en dos áreas críticas: laboratorios de salud pública y servicios de sangre. Ambas eran esenciales para la vigilancia epidemiológica, la seguridad transfusional y la respuesta a emergencias sanitarias. Pronto comprendí que la magnitud y complejidad de cada campo requerían dedicación de tiempo completo. Con evidencia técnica y operativa, pude justificar la creación de un cargo específico y permanente de Asesor Regional en Laboratorios de Salud Pública, una necesidad que la OPS reconoció y atendió.
Ese cargo fue ocupado por Jean Marc Gabastou, quien había sido mi Profesional Asociado. Esa decisión estratégica me permitió concentrar mis esfuerzos en el área en la que mi contribución podía ser más profunda: la seguridad transfusional en América Latina y el Caribe. En este campo, gracias a financiamiento específico de agencias nacionales y fundaciones privadas, tuve el privilegio de trabajar con un equipo excepcional.
Marcela García Castro, Mirna Pérez, Malhi Cho y María Dolores Nieto, junto con Jean Marc Gabastou, aportaron liderazgo técnico, creatividad operativa y fortalecieron el trabajo en equipo, lo cual fue fundamental para alcanzar avances regionales. Este trabajo fue reconocido por la dirección de la OPS, que nos otorgó el reconocimiento como Equipo Extraordinario de Trabajo en 2004.
Nuestra contribución a los servicios de sangre: la OPS me dio la oportunidad de liderar un proceso de transformación regional que hasta hoy continúa salvando vidas. Entre las contribuciones más significativas se encuentran la modernización de los servicios de sangre en múltiples países; el desarrollo y promoción de normas técnicas que elevaron la seguridad de los componentes sanguíneos; la coordinación de políticas que fortalecieron la donación altruista como piedra angular de los sistemas nacionales de sangre; la creación de modelos operativos que articularon la producción, distribución, uso clínico y gobernanza; y la generación de evidencia científica que hoy forma parte de la literatura regional e internacional.
Mi trabajo académico en este campo —junto con mis publicaciones en virología, inmunología y nutrición durante mi paso por el INCAP— refleja décadas de trabajo dedicadas a mejorar la salud de los pueblos de las Américas.
Lo que más valoro, lo que la OPS aportó a mi vida: en el plano humano, la OPS me dio una comunidad de profesionales excepcionales. Con ellos aprendí que la cooperación internacional es una red de voluntades que se unen para proteger vidas. En el plano técnico, la Organización me permitió desarrollar una visión integral de los sistemas de salud, especialmente en el campo de la seguridad transfusional, donde pude generar un impacto significativo.
En el plano ético y vocacional, la OPS reafirmó mi convicción de que el servicio público es una forma de vida. Mi lema —primum beneficiary— encontró en la Organización el mejor escenario para convertirse en una práctica diaria. Todo esto me hizo una persona feliz, agradecida y más comprometida con el bienestar general de las personas, sentimientos que aún hoy me siguen llenando.
Esta nota no es solo un resumen de mi vida profesional. Es un testimonio del impacto que una institución como la OPS puede tener en quienes la sirven y en las personas que dependen de ella. La OPS no solo enriqueció mi vida, la transformó. Me dio la oportunidad de servir, aprender, liderar y crecer. Y me permitió contribuir a causas que trascienden fronteras y generaciones.
Esta nota también es una expresión de gratitud a la OPS, a sus equipos, a sus valores y a su misión; a la institución que me enseñó que la ciencia es servicio, que la salud es dignidad y que la cooperación es esperanza.